Los perros y gatos callejeros
La
sobre población de animales domésticos es una situación tan frecuente en todo el
mundo ocasiona uno de los más grandes problemas sociales que los activistas por
los derechos de los animales deben enfrentar. En realidad, los animales que se
reproducen indiscrimidamente son las únicas víctimas de esta tragedia que
involucra directamente a las personas que irresponsablemente les permiten
reproducirse, a aquellos que comercializan con los animales y a las autoridades
gubernamentales y municipales.
Es
muy lamentable comprobar que en los países Latinoamericanos existe una gran
falta de información respecto a lo que verdaderamente significa hacerse
responsable de un animal de compañía. A pesar de honrosas excepciones, en
nuestros países los animales son considerados objetos descartables que a la
larga sufrirán abusos masivos en manos de personas indiferentes y crueles.
Este
abuso no siempre será evidente, ya que para muchas personas, el tener a un
perro constantemente amarrado en el techo de sus casas, alimentarlo con
desperdicios de todo tipo, dejarlo vagabundear para que haga sus necesidades en
la calle, o “buscarle novia” para continuar el ciclo de la sobrepoblación de
animales domésticos no es percibido como negligencia o abuso
El
problema es ciertamente complejo, pero no imposible de resolver si las
comunidades trabajan en conjunto poniendo en práctica un plan que involucre la
implementación de educación humanitaria y acción legislativa.
La
apertura de albergues no es la solución más indicada para este tipo de problema
ya que un albergue instalado dentro de una comunidad que no ha sido previamente
preparada para tenerlo, únicamente incrementaría los problemas de su
funcionamiento al proveer una salida fácil para las personas irresponsables que
abandonarían a sus animales en estos lugares.
Asimismo,
a nadie le satisface la idea de la eutanasia en animales sanos, rescatables y
llenos de vida, pero lamentablemente mientras que el público y los gobiernos no
implementen planes efectivos y viables, la única muerte piadosa que puede
ofrecerse a estos animales es la eutanasia (muerte sin dolor).
En los Estados
Unidos existen albergues en los que no se duermen a los animales pero éstos
ciertamente enfrentan muchísimos retos para continuar con sus opciones
operacionales. La eutanasia no es la solución para el problema de la
sobre población de animales domésticos; muy por el contrario, es uno de sus más
graves síntomas. En muchas oportunidades los que nos dedicamos a luchar por los
derechos de los animales nos encontramos en posiciones muy comprometidas en las
que tenemos que optar por el mal menor.
La eutanasia propiamente administrada
por un personal competente, con las drogas apropiadas, es el mal menor en este
caso. Mucha gente piensa que los animales callejeros sobrevivirán de una u otra
manera, pero esto no es verdad. Esta es una salida fácil que fuerza a algunas
personas a negar la cruel realidad de la sobre población de animales domésticos.
Los animales callejeros no sobreviven sus miserias. Por el contrario, sufren
hambre, sed, enfermedades y maltratos a manos de personas indiferentes y
crueles.
Si
Usted verdaderamente siente compasión por uno de estos indefensos animales, tome
la responsabilidad de rescatarlo de las calles, y ofrézcale un hogar decente,
lleno de amor, consideración y respeto.
Tirarle
algunas migajas a un animal callejero y sentir pena por él por unos instantes
no proporciona ninguna ayuda al problema.