jueves, 7 de abril de 2016

La personalidad del gato

El gato es en esencia un animal independiente, curioso, dormilón, de admirable destreza física. Sus características de flexibilidad corporal y resistencia lo convierten en un gimnasta natural capaz de realizar innumerables piruetas, saltos y trepas casi por cualquier parte. Pero, sin duda la principal característica de estos animalitos es su personalidad. Para tratar a un gato se debe poner en su posición, es decir pensar como un gato.

 Él quiere su propio espacio, el cual debe ser respetado para una adecuada convivencia. No debe olvidarse que el gato es un ser independiente, muy distinto a los perros por ejemplo. Sin embargo, ¿Cómo nos ven los gatos?, la respuesta es muy simple, ellos nos ven como si fuéramos su mamá. Puede notarlo cuando él se acerca a usted con la cola tiesa en alto al igual cuando los cachorros corren hacia su madre gata. El reclamará cuando tenga hambre, se sienta incómodo o simplemente requiera su atención tal como lo hizo con su madre cuando era pequeño. En el desarrollo de esta sección iremos dando más información para que la convivencia con su gato sea cada vez más grata y pueda disfrutar a plenitud de esta formidable mascota.

 
Los perros y gatos callejeros









La sobre población de animales domésticos es una situación tan frecuente en todo el mundo ocasiona uno de los más grandes problemas sociales que los activistas por los derechos de los animales deben enfrentar. En realidad, los animales que se reproducen indiscrimidamente son las únicas víctimas de esta tragedia que involucra directamente a las personas que irresponsablemente les permiten reproducirse, a aquellos que comercializan con los animales y a las autoridades gubernamentales y municipales.

Es muy lamentable comprobar que en los países Latinoamericanos existe una gran falta de información respecto a lo que verdaderamente significa hacerse responsable de un animal de compañía. A pesar de honrosas excepciones, en nuestros países los animales son considerados objetos descartables que a la larga sufrirán abusos masivos en manos de personas indiferentes y crueles.
 Este abuso no siempre será evidente, ya que para muchas personas, el tener a un perro constantemente amarrado en el techo de sus casas, alimentarlo con desperdicios de todo tipo, dejarlo vagabundear para que haga sus necesidades en la calle, o “buscarle novia” para continuar el ciclo de la sobrepoblación de animales domésticos no es percibido como negligencia o abuso
El problema es ciertamente complejo, pero no imposible de resolver si las comunidades trabajan en conjunto poniendo en práctica un plan que involucre la implementación de educación humanitaria y acción legislativa.

La apertura de albergues no es la solución más indicada para este tipo de problema ya que un albergue instalado dentro de una comunidad que no ha sido previamente preparada para tenerlo, únicamente incrementaría los problemas de su funcionamiento al proveer una salida fácil para las personas irresponsables que abandonarían a sus animales en estos lugares.
Asimismo, a nadie le satisface la idea de la eutanasia en animales sanos, rescatables y llenos de vida, pero lamentablemente mientras que el público y los gobiernos no implementen planes efectivos y viables, la única muerte piadosa que puede ofrecerse a estos animales es la eutanasia (muerte sin dolor). 

En los Estados Unidos existen albergues en los que no se duermen a los animales pero éstos ciertamente enfrentan muchísimos retos para continuar con sus opciones operacionales. La eutanasia no es la solución para el problema de la sobre población de animales domésticos; muy por el contrario, es uno de sus más graves síntomas. En muchas oportunidades los que nos dedicamos a luchar por los derechos de los animales nos encontramos en posiciones muy comprometidas en las que tenemos que optar por el mal menor.

 La eutanasia propiamente administrada por un personal competente, con las drogas apropiadas, es el mal menor en este caso. Mucha gente piensa que los animales callejeros sobrevivirán de una u otra manera, pero esto no es verdad. Esta es una salida fácil que fuerza a algunas personas a negar la cruel realidad de la sobre población de animales domésticos. Los animales callejeros no sobreviven sus miserias. Por el contrario, sufren hambre, sed, enfermedades y maltratos a manos de personas indiferentes y crueles.

Si Usted verdaderamente siente compasión por uno de estos indefensos animales, tome la responsabilidad de rescatarlo de las calles, y ofrézcale un hogar decente, lleno de amor, consideración y respeto.

Tirarle algunas migajas a un animal callejero y sentir pena por él por unos instantes no proporciona ninguna ayuda al problema.

                                                    PRIMERA HISTORIA DE PERROS Y GATOS


Resulta que una vez había un matrimonio de chinos --porque este cuento es chino-- que tenía un Gato y un Perro. Y tenían también un anillo muy bonito, que era un anillo de virtud; pero ellos no lo sabían. Y por obra del anillo siempre había de todo en la casa del matrimonio, que era de viejos campesinos. Bueno. Resultó que un día al viejecito se le ocurrió vender el anillo en la ciudad para comprar un par de bueyes; y no hizo más que venderlo, y en su casa todo se puso patas arriba, como se dice.

Las siembras se perdieron, el ganado estaba tan flaco que no se podía tener en pie, las verduras de la huerta estaban quemadas por la helada, las gallinas tenían "la pepa" y los viejos estaban baldados por el reuma.
El Perro y el Gato ya no hallaban qué hacer, muertos de hambre, sin un solo hueso que roer y sin ratones, siquiera, para engañar el diente.

Entonces el Gato le dijo al Perro que él sabía que el anillo era de virtud y que había que ir a buscarlo a la ciudad. Y los dos se fueron por el camino, corriendo a todo correr, para traer el famoso anillo.
Llegaron a la ciudad, y el Gato se entró por una ventana abierta a la casa del hombre que había comprado el anillo y que estaba rico y requete rico por la virtud del anillo. El Perro se quedó en la calle, haciendo de "loro", para que no fuera a venir alguien y los pillara.

El Gato sacó el anillo y empezaron los dos a correr de regreso a la casa; pero no se fueron por el camino, sino por el medio de los campos, para así llegar más ligero. Y pasó entonces que el Gato, cuando hallaba una casa que les interrumpía el paso, se subía por una pared, atravesaba el techo y daba un salto al otro lado; mientras que el Perro tenía que dar vuelta alrededor de la casa. Con esto, el Gato le ganó terreno y llegó donde sus amos mucho antes que él. Y los viejos creyeron que sólo el Gato se había comedido para ir a buscar el anillo de virtud.
Cuando llegó el Perro, encontró al Gato muy caballero comiéndose un plato de sopas de leche tamaño de grande, y a los amos, sanos y felices con el anillo. Los campos estaban otra vez preciosos de pasto, las verduras bien lindas, el ganado gordo y las gallinas vueltas locas cacareando porque habían puesto un huevo. Y tanto el viejo como la vieja estaban llenos de cariño por el Gato, que les aseguró que él solo había ido a buscar el anillo y que era de virtud; y se enojaron mucho con el Perro, que se pasaba los días sin hacer nada, vagando por los campos, ladrándole a las nubes y a la luna llena.

Entonces al Perro le dio mucha rabia con el Gato y quiso explicar lo que había pasado; pero le dieron un buen escobazo y lo echaron para afuera.
Desde entonces, el Perro está en el patio y el Gato en la casa, y desde entonces, también, el Perro aborrece al Gato y le llama hipócrita.